24/3/14

Testimonio de Christine D’Clario

Mientras que a muchos les toma varias conversaciones con alguien para descubrir su real pasión, cuando se habla con la líder de alabanza Christine D’Clario toma apenas unos treinta segundos. De principio a fin, es claro que la adoración es su estilo de vida, y proclamar la bondad, fidelidad y gracia de Dios su mayor prioridad—puro y simple.
Curiosamente, este no fue siempre el caso.
Antes de experimentar su verdadero encuentro con la redención en el 2003, es cierto que Christine era simplemente una cristiana de domingo común.
Viviendo como quería los demás seis días de la semana, Christine ciertamente aparentaba bien cuando cantaba acerca de Jesús o dirigía los llamados de altar en su iglesia local, pero dicha sea la verdad, ella realmente no le conocía.
De hecho, estaba precisamente en el centro de una temporada muy rebelde.
Mas cuando se crece en un hogar donde la asistencia a la iglesia—y sus servicios entre cuatro paredes—es un deber inquebrantable, bueno, Christine no sólo conocía el idioma eclesiástico, sino que también mostraba una convencedora representación exterior de cómo se ve una persona que sigue el plan de Dios.
Bendecida con una hermosa voz y carisma en abundancia, estar en tarima era ciencia cierta para alguien que amaba la música tanto como lo hace Christine. El problema mayor estribó en que su corazón no estaba metido realmente en aquello—y Aquel—de lo cual cantaba en la iglesia. Debajo de su inmaculada fachada estaba perdida y aún luchando para hacer sentido de su difícil pasado.
Resulta que, cuando Christine tenía seis años y medio, su padre falleció luego de perder en una larga lucha con el alcoholismo. Christine, siendo autoproclamada “niña de Papá” quien compartía sus mismas tendencias artísticas, lo extrañaba locamente. Como si perder a su padre no fuera suficientemente difícil, al poco tiempo Christine y su familia terminaron relocalizándose desde su natal Nueva York hasta la isla de Puerto Rico, la cuna de una parte de su variada herencia ancestral.
Mientras que la madre de Christine vio esta movida como una oportunidad para “salir de la ciudad” y comenzar de nuevo, a la Christine niña le costó lidiar con nuevo idioma y cultura, llevándole a vivir en un gran “tornado emocional.” Cuando su madre eventualmente se volvió a casar, Christine también tenía problemas llevándose con el “nuevo hombre” en su vida. Sin sentirse enteramente bienvenida o parte de su nueva familia adquirida, quedó con un serio caso de “síndrome de orfandad,” y desesperadamente anhelaba un escape.
Ese fue precisamente el lugar que la música ocupó. Era lo que le brindaba algo de felicidad en medio de su caos interior y Christine se entregó completamente a ella. Habiendo hallado espíritus afines en cantantes como Crystal Lewis y Jaci Velazquez—ambas artistas bilingües como ella—, Christine amaba cantar con todo lo que viniera en forma de pista de acompañamiento y con esto entró en numerosas competencias de canto. Básicamente, cuando ya no podía enfrentar lo que la vida le lanzaba, encontraba un oasis en la canción.
Desafortunadamente, su amor por la música no pudo mantenerla lejos de problemas una vez entró en su adolescencia. En medio de comenzar a obedecer su llamado ministerial, Christine vivía una doble vida mientras experimentaba la etapa universitaria. Anhelando amor y aceptación, lo halló en los brazos de un chico, quien resultó ser el equivocado. Eventualmente, esa relación terminó amargamente. Ante esto, todo ese sentido de pérdida que asediaba a Christine desde pequeña regresó, ésta vez con furiosa venganza. No había pasado mucho tiempo cuando prácticamente desistió de tener relación alguna con Dios. Como resultado, su vida normal se componía de soltura, preferencias por música muy oscura y deprimente, y hasta instintos suicidas. Tristemente, tenía una imagen distorsionada de lo que era un padre, pues sentía que cualquier persona con la que tuviera cercanía terminaría abandonándola.
“Yo tenía mucho coraje con Dios,” comparte Christine. “Hasta comencé a usar Su misma palabra en contra de Él. En las Escrituras habla acerca de comportamientos que contristan al Espíritu Santo y yo los sabía. Así que, decidí hacer exactamente eso, todo por “desquitármelas” con Dios. Actué como la más grande imbécil, pasándomela con ateos, haraganes, bebedores, discotequeros y hasta fumadores de marihuana. Pero al final del día, lo único que quería desesperadamente era ser aceptada.”
Por supuesto que Dios no se había olvidado de Christine y se encontró con ella en su más oscuro momento de desesperación una noche en que ella básicamente le dio un ultimátum. “Me estaba comportando como una verdadera niña malcriada y prácticamente le dije Dios “si no haces nada conmigo antes de la medianoche, entonces entenderé que no me amas, no existes, y seguiré el rumbo de mi vida, y si me pierdo en el infierno, pues que me pierda, no me importa.”
En ese día y ese momento en el que Christine estaba tocando el fondo, pareciera que de la nada llegó una mujer a su vida. Nunca la había visto y, de acuerdo a los dogmas religiosos que había aprendido, esta mujer ni parecía ser cristiana por fuera. Sin embargo, vino a traerle palabras de vida y estímulo a Christine como señal de que Dios ciertamente había escuchado su petición y continuaba en busca de una relación con ella, independientemente de cómo estaba su estado emocional.
Dios usó a esta mujer desconocida para comunicarle a Christine que tenía dos caminos a escoger: el primero, vivir enteramente en Su presencia y ser usada poderosamente por Él para compartir Su mensaje con el mundo, y el segundo, seguir sus deseos por las riquezas y la fama secular, pero sin Su presencia. Evidentemente, Christine supo exactamente lo que en realidad necesitaba y anhelaba. Se encontró con la verdad de que literalmente no podía vivir sin la presencia de Dios. Esa noche cambió para siempre la trayectoria de su ministerio, y más importantemente, la de su relación con Dios.
Mientras continuó con la ardua tarea de sobreponerse a su pasado, más tragedia fue traída a la luz al reconocer el hecho de haber sido molestada sexualmente cuando niña, por personas quienes en un momento dado sirvieron de niñeros en su familia. Fue entonces que, al permitir más y más de Dios entrar en su vida, su sanidad y restauración comenzó.
“Me tomó cerca de 18 años soltarlo, perdonar y recibir restauración,” nos dice Christine. “Y lo que comencé a realizar desde esa noche fue que no necesito nada más que vivir en Su presencia, porque fui hecha para estar unida a Él, al igual que todo ser humano.” Ese es el mensaje principal que Christine desea transmitir a sus escuchas por medio de su música.
Tanto el nombre de Christine D’Clario como sus canciones son ampliamente conocidos entre las audiencias latinoamericanas cristianas. Su trayectoria de casi una década de ministerio cuenta con cuatro producciones musicales. Las primeras dos «Christine D’Clario» y «Sólo Tú… Lo único que quiero», respectivamente, fueron lanzadas independientemente; luego en alianza con la compañía disquera Integrity Music lanzó la muy exitosa producción «De vuelta al Jardín», y más recientemente «Más profundo», el cual también cuenta con su versión en inglés “Deeper”, marcando su debut en el mercado anglosajón.
Con «Más profundo» Christine se mueve contra la corriente del cristianismo superficial al introducir a sus oyentes al Dios que salva, redime, sana y restaura. Le llena de emoción traerle a ambas audiencias un proyecto que “corre paralelo con la temporada en que se encuentra”.
“He pasado por el fuego y el desierto, he pasado por el difícil proceso de sanar un pasado tan quebrado, y he entendido que la cristiandad superficial simplemente no me satisface, ni tampoco a cualquiera que ha tenido un verdadero encuentro con el Espíritu Santo,” comenta Christine. “Cuando has tenido un encuentro real con Dios, siempre necesitas más. Tienes que regresar a la fuente y meterte en niveles aún más profundos en Él. De eso es que se trata este proyecto.”
Figurando canciones escritas especialmente con la Iglesia global en mente, la pasión de Christine por su fe es evidente desde la primera nota de esta producción. Ya sea con el notorio tema «Rey», el cual es básicamente un canto de tres partes que afirma quiénes somos en Él, o con los acordes conmovedores de «Magnífico», tema que se ha convertido en el oportuno himno para cada redimido y sirve como un enorme “gracias” a Dios por salvarnos, o los duetos «Fidelidad» y «Seguirte» grabados con sus colegas adoradores Daniel Calveti y Marco Barrientos respectivamente, «Más profundo» está lleno de relevantes recordatorios del gozo y la llenura que trae estar en la presencia de Dios.
«Más profundo» añade una llenura de texturas a una variada y vibrante gama de colores musicales. Tomando aguas de una profunda fuente de influencias, todo desde instrumentación orgánica mezclada con ritmos “pop/dance” hasta sonidos “soul” están representados en este proyecto. Entre todos quizá el mejor instrumento presente es la expresiva voz de Christine.
En adición a tener un registro vocal amplio, su cruda pasión sangra cuando adora a su ‘Abba’, lo que hace inevitable que sus oyentes sean cautivados.
“Siempre quiero adorar como si fuera mi último momento con vida,” expresa Christine. “Y quiero inspirar a todo creyente en la Iglesia en general a sentirse de esa manera también. No existe cosa más gratificante que estar en Su presencia adorándole con verdadera entrega y completo abandono”.