12/8/12

Mi amigo el borracho

Mi amigo el borracho

Unos años atrás, cuando estaba con mi esposa en el carro, llegamos a una tienda y estacioné mi vehículo. Antes de bajar, vi un hombre que venía en bicicleta hacia nosotros y parecía que no tenía intenciones de parar. De pronto se estrelló fuertemente con la parte delantera del carro y yo salí.

Cuando estoy cerrando la puerta, veo que el hombre estaba borracho y mientras trataba de mantenerse en pie, se balanceaba de un lado al otro. Cuando me vio a la cara, parece que se sorprendió y emocionado me dijo:

¡Hola Segadores! (Segadores es el nombre de mi Iglesia).

Yo me quedé paralizado. Evidentemente este hombre era parte de nuestra iglesia o la había visitado en el pasado y me había visto. Se me acercó para darme un abrazo y me dijo : “Sorry”.

Yo no estaba seguro de como reaccionar. No sabia si reírme o reclamarle por el daño que había ocasionado al carro(pequeño raspón). Mientras esto pasaba, mi esposa estaba en el carro y miraba sorprendida la escena de este hombre que conversaba amigablemente conmigo.

“Mañana voy a la iglesia” me dijo. Luego le dije que se fuera tranquilo y que lo esperaba en la iglesia. Después entré nuevamente al carro y le conté la historia a mi esposa.

Desde ese momento he procurado encontrar al muchacho y no lo he vuelto a ver. Pero no me sorprendo. Porque en estos años he visto a cristianos vivir una doble vida. Son unos dentro de la iglesia y distintos fuera de ella. Y debo reconocer que todos podemos caer en esa conducta. Debemos cuidarnos y conducirnos como hombres y mujeres de Dios en todo momento y lugar. Cuando estamos en el trabajo, la escuela y en la calle. Si vamos a ser cristianos, lo tenemos que ser en todas las áreas de nuestras vidas.

Por eso el apóstol Pedro le decía a sus discípulos “…sed santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).

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